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Las licencias de los pilotos se oxidan con la falta de vuelos por el coronavirus

Para un piloto de aviación, la pericia y la práctica son tan importantes como los conocimientos técnicos para hacer bien su trabajo. Y, en los últimos meses, la brutal irrupción del coronavirus ha impedido a miles de ellos volar de forma constante y ejercitar sus habilidades para evitar que se oxiden. Cuando los aviones volvieron a los cielos a finales de junio tras los meses del confinamiento decretado en marzo, las aproximaciones desestabilizadas a los aeropuertos, aquellas en las que el avión no se encuentra estabilizado en parámetros como la alineación con la pista o la velocidad adecuada, se incrementaron como consecuencia de la falta de práctica de los pilotos, como explican desde el sindicato de pilotos (Sepla).

Pero esta falta de actividad no sólo repercute en un entumecimiento de la destreza de los pilotos sino que complica, y mucho, la renovación de las propias licencias que necesitan para volar. Un piloto debe realizar un mínimo de tres aterrizajes y tres despegues cada 90 días. Es lo que se conoce como “experiencia reciente” y, sin ella, no pueden operar su avión, por lo que en caso de no acumularla en aire deben acudir a un simulador antes de volver a ponerse a los mandos de un avión, explican desde el Sepla. En circunstancias normales, la jornada laboral de un piloto cubre con creces este requisito. La actividad media de uno de corto y medio radio es de 18-20 jornadas laborales al mes, que incluyen varios vuelos de ida y vuelta al día. La de un piloto de largo radio, con una norma sobre trabajo y descanso más estricta debido a los cambios en los husos horarios y su afectación física y mental por los cambios en los ritmos circadianos, tiene de media entre ocho y diez vuelos al mes.

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